Para las empresas en la actualidad, la gestión de la energía ha cobrado mayor importancia, más allá de la esfera de la operatividad técnica para convertirse en un pilar central de la estrategia financiera y de sostenibilidad de cualquier organización. Los cambios climáticos acontecidos actualmente, la preocupación por los mismos, y la reconfiguración de los mercados energéticos internacionales han llevado a las empresas a buscar mecanismos que garanticen no solo el ahorro de costos, sino también la resiliencia operativa. En este contexto, la norma ISO 50001:2018 se establece como el estándar para la estructuración de Sistemas de Gestión de la Energía (SGEn), relevantes en las operaciones de las compañías preocupadas por el cambio climático, ofreciendo un camino claro hacia la descarbonización y la optimización de procesos.
Podemos comenzar por describir la ISO 50001:2018, la cual fue establecida por la Organización Internacional de Normalización, organización mundial que armoniza criterios técnicos para asegurar que los sistemas y servicios cumplan con niveles de excelencia internacional. Específicamente, la ISO 50001:2018 se distingue por su enfoque exclusivo en el desempeño energético. A través de la implementación del ciclo de mejora continua conocido como Planear, Hacer, Verificar y Actuar (PHVA), esta norma permite que la gestión de la energía deje de ser una serie de esfuerzos aislados y se convierta en un proceso integral en la alta dirección de las empresas.
La aportación de esta ISO con el objetivo de incentivar a la eficiencia energética es tiene diferentes ventajas. En primer lugar, obliga a las empresas a establecer una línea de base energética, la cual sirve como una fotografía histórica del consumo que permite identificar los Usos Significativos de la Energía.
Al conocer con precisión dónde y cómo se gasta el recurso, las empresas pueden implementar indicadores de desempeño energético que facilitan la toma de decisiones basadas en datos reales y no en suposiciones.
Además de los beneficios técnicos, la norma fomenta un cambio en la cultura organizacional. Conforme menciona la norma la eficiencia energética puede dejar de ser responsabilidad exclusiva del área de mantenimiento y se transforma en un compromiso compartido que involucra desde el personal operativo hasta los niveles ejecutivos.
Este enfoque integral asegura que las inversiones en tecnología de bajo consumo se complementen con hábitos operativos correctos, maximizando así el retorno de inversión y otorgando una ventaja competitiva frente a empresas que aún operan bajo modelos energéticos lineales e ineficientes.
En México, la implementación, el seguimiento y el fomento de estas prácticas está a cargo de la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (CONUEE), brazo técnico de la Secretaría de Energía.
Finalmente, podemos mencionar que la ISO 50001:2018 es una herramienta para las empresas comprometidas con el combate al cambio climático y que impulsa la competitividad y la responsabilidad ambiental. En una era donde la energía es tanto un recurso crítico como un riesgo financiero, contar con un sistema de gestión robusto es la diferencia entre el estancamiento y la sostenibilidad.