Durante el actual sexenio, hemos sido testigos de cómo México consolida bases firmes para transformar y expandir su sector energético, reafirmando su compromiso con los objetivos de transición energética y el desarrollo económico sostenible, tanto en el ámbito nacional como internacional.
Conforme ha sido anunciado en diferentes espacios por representantes de la Secretaría de Energía (Sener) y en los lineamientos del Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional, el país se ha trazado la meta de elevar de manera sustancial la participación de las fuentes renovables. Específicamente, se proyecta pasar de generar un 24.61% de energía renovable, equivalente a 82 terawatts-hora en el año 2025, a superar el 38% de participación (170 terawatts-hora) para el año 2030, destinando más del 74% de las nuevas adiciones de capacidad a fuentes limpias.
Este esfuerzo sitúa a nuestro país en una ruta de mayor competitividad y atractivo para la consolidación de su potencial económico, respondiendo de manera firme a la creciente demanda eléctrica impulsada por la industria y los nuevos polos de desarrollo regional.
En el ámbito específico de la energía eólica, la planeación oficial contempla un incremento en la capacidad instalada nacional. De acuerdo con las cifras oficiales de la Sener, se prevé añadir 6,860 megawatts de capacidad eólica, de los cuales 4,701 megawatts ya han sido asignados a 13 centrales eólicas y 2,159 megawatts se encuentran pendientes de asignación en regiones estratégicas del país como Nuevo León y Tamaulipas, integrando además sistemas avanzados de almacenamiento en baterías para abastecer con estabilidad a los corredores industriales del noreste. Asimismo, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) ha avanzado en la adjudicación de ocho proyectos eólicos bajo esquemas mixtos, con una capacidad total de 2,949 megawatts que operarán entre 2029 y 2030, que consolidarán la operación de nueva infraestructura eólica hacia el cierre de la década.
Un aspecto clave que potencia este desarrollo eólico nacional es la exploración y el futuro aprovechamiento del potencial eólico marino (offshore). Al contar con litorales amplios en ambos lados del territorio, México posee una ventana de oportunidad única para innovar y liderar el sector eólico marítimo.
Aunque los detalles específicos de estos desarrollos aún no se dan a conocer, específicos probable que el Golfo de México sea una de las zonas primordiales para este tipo de inversiones, maximizando el aprovechamiento de la infraestructura existente vinculada al sector de hidrocarburos, como ya fue mencionado anteriormente en este blog, sobre la adición energética en plataformas petroleras offshore.
La viabilidad a largo plazo de esta expansión eólica y renovable no puede concebirse de forma aislada, sino a través de una sólida complementariedad temporal y operativa. La integración de tecnologías limpias con la flexibilidad de las hidroeléctricas y el uso estratégico de hidrocarburos como el gas natural, empleado en centrales de ciclo combinado de alta eficiencia como combustible de respaldo, actúa como el puente para mitigar la intermitencia inherente del viento y del sol. Esta sinergia entre lo renovable y lo no renovable garantiza la estabilidad, seguridad y continuidad del Sistema Eléctrico Nacional, consolidando un desarrollo energético equilibrado y sostenible para el futuro de México.